Los pueblerinos (Nora Austen)

Había una vez un vicio incontenible que traía de cabeza a los aplicadores de justicia. “Creo que estoy empezando a volver a vivir, ¡oh, no, azótame!” Y para que se aprendiera la lección no había nada que hacer, salvo cumplir su voluntad a rajatabla. Para que se le fueran todos aquellos pájaros de la cabeza. ” Si digo que tras algo bello hay otra cosa má bella todavía, pateadme el estómago” Y así se hacía. Los justicieros con sus túnicas y sus mitras púrpuras no tenían más remedio aun partiéndoseles el corazón, pues había que aprender. Estaba claro que no cabía otra razón posible dentro de la realdiad.

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